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Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida. Deuteronomio 30:19.
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¡Usted no es un robot!
Un robot es simplemente una máquina que necesita que se le den órdenes. Está programada para efectuar tareas precisas. ¿Soy yo un robot? No, porque tengo corazón y alma, conciencia e iniciativa propia. Dios me dio capacidad para tomar decisiones.
Tengo inteligencia, juicio, sensibilidad, etc., de modo que mi vida no es el juguete de un destino ciego que yo tendría que aceptar sin más. Tengo la posibilidad de escoger entre volverme hacia Dios o darle la espalda. Asumo las consecuencias de mis acciones, buenas o malas.
Cuando Dios hizo al hombre “a su semejanza”, no hizo de él una máquina para manejarla a su antojo, sino que lo creó libre, dotado de reflexión y de capacidad para amar. Mi vida interior sólo puede desarrollarse realmente y tener un sentido si está en conexión con el Creador.
¿Tengo una relación con Dios? Ésta es una pregunta vital y primordial, porque el que me hizo, también conoce mis necesidades y quiere mi felicidad. A los culpables y perdidos (que somos todos), él ofrece el perdón y la salvación; a seres sometidos a esclavitud propone la libertad.
¿Por qué? A causa del gran amor con que nos amó, envió a su Hijo Jesucristo a nuestro mundo para salvarnos. “Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). El pecado que nos separaba de Dios fue anulado por la cruz de Cristo. “Agradó al Padre… por medio de él (Jesucristo) reconciliar consigo todas las cosas… haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:19-20).
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El devocional diario, es editado por: "La Buena Semilla" 1166 Perroy (Suiza) © Copyright: Todos los derechos reservados. El texto enviado hoy es del día correspondiente al año pasado. El texto del día de hoy puede leerse en nuestra página: LaBuenaSemilla.net
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Recuerde que estamos para servirle con el fin de que usted consolide día a día mucho mas su relación con Su Señor y Salvador Jesucristo, como a la vez ayudarle a usted a llevar el evangelio a todas las naciones.
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Tercera carta de Juan, versículo 2.
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Tags: Deuteronomio, Romanos, Colosenses